Judas Priest - Firepower (2018)
Mucha gente coincide en que el
Firepower fue un buen lanzamiento, en Metal Archives, puntúa un 85% como promedio
de 17 revisiones (al menos así es al momento de escribir esto). Pero he de
decir que nunca me han gustado las evaluaciones que en esa página se
establecen
Se podría considerar que para este, su más
reciente trabajo, ha grabado la alineación que tenían en Painkiller; salvo por
la falta de K. K. Downing, quien se alejó a iniciando la gira Epitaph, misma
que suponía un adiós a las largas giras y tours mundiales. Aunque actualmente
en vivo Glenn Tipton no está con la banda, se dice que sí graba en estudio y
sigue siendo parte de la banda, pero pues ya saben, la edad ya no permite eso
de las giras, por lo que Andy Sneap le sustituye en las presentaciones en vivo.
He de decir que los últimos trabajos en estudio
de San Juditas no han sido de mi total agrado, pero debo admitir que suena a
Judas Priest. Desde la portada se deja verya que nos recuerda mucho a los
trabajos de los 80’s como Turbo, The Hellion en Screaming for Vengeance o
Metallian de Defenders of the Faith.
Debo decir que no solo la portada es una
reminiscencia de los trabajos anteriores, incluso las canciones logran capturar
esa esencia del Judas de antaño; no del Judas que grabó el British Steel, sino
de aquél que nos sorprendió imprimiendo agresividad y velocidad en las
guitarras. Cada uno de los temas se siente como si de un disco de éxitos
extrajeran el ingrediente secreto y se lo agregaran a las nuevas canciones pero
solo para aderezar.
Recordemos que antes la batería quedaba
relegada a un segundo plano pues en aquella época Dave Holland estaba a cargo
de la percusión y no fue sino hasta la llegada de Scott Travis que cobró un
papel más relevante. No siempre te detienes a escuchar específicamente este
imprescindible instrumento, pero debemos admitirlo, si Dave Holland (Q.E.P.D.)
continuara en ese banquillo, Judas perdería gran parte de la potencia que ha
venido en cada disco desde Painkiller.
Luego de todo esto se preguntarán si tengo
alguna queja y, en efecto, la tengo. Como es de esperarse, todo lo bueno por
servir se acaba. La voz del Metal God no es lo que solía ser y la verdad es que
no lo juzgo por ello, no tengo ningún problema por eso. Menciono esto porque
pareciera que a él sí le importa; probablemente sea el hecho de querer darle a
los fans lo que esperan, pero al menos para mí, la canciones sonarían
perfectamente bien sin que intentara alcanzar agudos que la verdad ya no puede.
Halford tiene un lugar privilegiado entre las
grandes voces del Rock/Metal y uno de los pedestales le está reservado. No
tiene nada que demostrar, grandes trabajos, tantas presentaciones lo respaldan.
A mi parecer esos agudos que lo caracterizaban, se dejaron escuchar todavía en
el Nostradamus, pero ya para cuando llegamos al Redeemer of Souls se escuchaba
que ya las andaba dando. No solo es necesario que él entienda esta parte,
nosotros debemos aceptar que nunca más volveremos a escuchar un Painkiller.
Hablando de esto último, solo escuchen el tema homónimo de ese icónico álbum
tocado durante alguna presentación reciente y díganme que miento.
Esta es mi única queja con el disco, si la voz
ya no le da para alcanzar determinadas notas, debería permanecer en el rango
vocal que su registro y edad aún se lo permiten, más que nada por su propio
bien, porque con este disco nos queda claro que aún hay Judas para rato, pero
si continúa llevando su voz al extremo, probablemente no veamos más trabajos
nuevos. Seamos sinceros, nadie quiere verlo haciendo el Kiske en el escenario.
Dado que el trabajo es el más reciente y que
Judas Priest es una banda muy reconocida, no debería haber problema para que,
quien guste darle una oportunidad, consiga el álbum en el formato de su
preferencia

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