Jethro Tull - Stand Up (1969)
Ha llegado la hora de comentar
otro álbum clásico de Jethro Tull. No son escritos que abunden pero hay una
buena razón para ello, me gusta hacerlos con algún motivo especial y en esta
ocasión el 50 aniversario de Stand Up, mismo que tuvo lugar hace no mucho, me
parece más que perfecto para traerlo a manera de recomendación.
Siendo su segundo álbum podríamos
haber esperado una entrega similar a la anterior, con fuertes tendencias hacia
el Blues, y así pudo haber sido ya que su guitarrista Mick Abrahams quería
continuar por esa senda; sin embargo Ian Anderson deseaba experimentar con la
banda, hecho que derivó en la salida del primero y en la llegada de Martin
Lancelot Barre, quien desde entonces aparecería en cada trabajo de estudio. No
digo que celebre la salida de su guitarrista original, pero juzgando por el
trabajo entregado es imposible negar que fue un acierto.
En términos generales Jethro Tull
siempre ha sido considerara una agrupación de Hard Rock Folklórico y
Progresivo, puede parecer exagerado pero tras ir descubriendo a la banda
comienza a ser entendible una clasificación tan amplia. Stand Up es
probablemente el álbum más ecléctico de la discografía, por lo cual difícil me
sería decir que una u otra tendencia/influencia predomina. Los temas tienen
esencias muy distintas entre sí logrando cada uno su propio mérito. Algo que
realmente disfruté fue la constante presencia del bajo, siempre se le puede
escuchar con claridad y siempre goza de un coprotagonismo en cada canción,
Glenn Cornick muestra un feeling sorprendente. Por su parte la batería tiene un
despliegue igual de versátil que el resto del álbum, acompañando a Ian Anderson
en la experimentación que se buscaba, recurriendo así a percusiones adicionales
en temas como Fat Man o Jeffrey Goes to Leicester Square.
Las guitarras son un elemento digno
de ser apreciado ya que logran una conjunción perfecta entre guitarra eléctrica
y acústica, constantemente se nos presentan ambas ejecutando estilos distintos
sin llegar a romper la armonía, esta perfecta combinación logra un efecto
delicioso. Ian Anderson en voces aún no se convertía en el vocalista que me
transmite demasiadas emociones, aquí siento que se encontraba buscando su
estilo propio. Respecto de la flauta sí podemos encontrar lo que a la postre
sería el sello característico de la banda y que sirviera de influencia para
otros músicos, tiene un papel mucho más activo e incluso se llega a abusar de
este instrumento pero, siendo sincero, en ningún momento resulta molesto.
Stand Up es una muestra de todo
lo que se podía lograr, de la gran ambición musical que tenía la banda, de la
versatilidad que se puede lograr estando dispuesto a ofrecer algo realmente
diferente. Es un álbum que, al igual que la portada, requiere de cierta contemplación
para poder apreciarse en su totalidad, ya que la cubierta originalmente fue
tallada en madera pero son detalles que normalmente no se notarían. El título
de esta segunda producción no viene a ser para un trabajo conceptual, sin
embargo sí se puede hablar de que la banda trata el tema de lo que significó
estar en lo más bajo y sobreponerse a la adversidad.
La mención honorífica será para For a Thounsand Mothers, una excelente
canción que, además der sonar enérgica, prácticamente está dirigida a los
padres que quieren hacer desistir a sus hijos de sus sueños y aspiraciones,
pensando que a nada les llevarán, que nada les pueden ofrecer y que preferirían
verlos seguir el camino que todos siguen. De forma adicional les sugiero
escuchar también los temas que se incluyeron en la remasterización, ya que Sweet Dream o Living in the Past merecen ser escuchadas.

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